“Cómo vivo a Ella”
México, D.F., 24 de Junio de 2016

La conocí desde mayo o Junio del 2014. La conocí sin conocerla, mejor dicho, sin registrarla. Estamos en la misma foto, estuvimos en el mismo evento. No sabíamos que menos de 3 meses después yo le pediría que fuera mi novia.
Siempre ha sido su nombre en diminutivo para mí. Sólo una vez le he dicho su nombre tal cual. Quizá dos, no más de tres. Nunca la he visto así, aún cuando me parece una mujer fuerte y admirable, aunque me enoje con Ella, essu nombre en diminutivo y todos sus apodos cariñosos.
La de contrastes, la irritable, la detallista, la de los gatos, la niña-mujer.
Con Ella aprendo a pelearme, reactivo mi niño berrinchudo y encuentro un hombre en construcción. De Ella recibo sorpresas como la contradicción ejemplar de su orgullo humilde, es orgullosa y altiva, pero también tiene la capacidad de reparar y pedir disculpas.
Ella me enseñó el placer de lo cotidiano, lo bonito que es estar cómodo y ser aceptado y deseado por que sí, “Porque eres chido.” Así me contestó cuando le pregunté una vez.
Con Ella, empezó la relación como curiosidad y clichés, al menos para mí, improvisaba sobre lo que se suponía que un novio “debía” hacer, orientado por lo que mis pacientes o los libros me decían. Conforme pasa el tiempo la noto distinta, distante a veces, pero nunca de forma gratuita.
Con Ella, me sentía muy seguro en un inicio, fluido, sin importarme su aprobación o su rechazo, libre de crear y proponer, como ya mencioné: “aceptado”. Ella, me acepta más que yo mismo y eso me gusta, pero a mi saboteador interior le revienta, creo que por eso soy agresivo con Ella en varias ocasiones.
Ella es más de lo que esperaba de una novia idealizada en fantasías cebadas durante años… Pero también es súper distinta de mí… y de alguna manera eso contrasta con mi ideal, que es sólo una proyección de mí mismo.
Ella, eviscera mi mismidad, en juegos, orgasmos, viajes, juegos, pelos de gato por doquier… Eso me enriquece, pero también me hace tan distinto de la identidad que yo creía me pertenecía… No leo como antes, casi no hago ejercicio, no me siento tan inteligente, corrijo, tan intelectual como antes, menos con Ella. Parece que traicioné a mi mejor amigo: el libro, por un texto de piel morena y cabello negro, letras de experiencias cantarinas que nunca correspondieron a su edad, siempre van más adelante en gruñidos, voz dulce, gemidos o lágrimas.
Ella me enseña a partir de la diferencia. Es muy distinta a mí, me enriquece y me conflictúa que sea tan distinta, y es probable que conforme pase el tiempo más diferentes nos volvamos. Me da miedo terminar como la pareja que ambos conocemos y que a veces tomamos como referencia. Es mejor que la soledad, pero no es una opción que se me antoje.
Con Ella crezco… y creo que mi letargo o mi lentitud en reaccionar, aún cuando muchas veces la enojan, también le brindan una suerte de equilibrio… En esa falta de sincronía creo que se halla armonía para nuestras distintas personalidades. El otro día escuchaba a un par de pacientes sobre los que transfiero mi relación con Ella… y pensé en el pasado y el futuro, él y ella. Luego pienso en otra pareja sobre la que también transfiero mi relación con Ella: y pienso en madurez e inmadurez.
Ella y yo estamos desfasados, a mí me sobreprotegieron, en particular mi mamá, a Ella la vida y sus circunstancias la estimularon a crecer y a vivir de una manera hipertrofiada. Yo soy entrópico y Ella es viajera. Yo vivo de recordar y Ella construye proyectos. Yo me vivo como un niño, y Ella desde niña se vivió mujer. Yo soy de palabras, Ella es de acciones. Así podría seguir enumerando nuestras oposiciones…
Creo que Ella me equilibra y lo mismo mis características hacen con Ella. Es la mujer que más amo, que más odio, que más deseo, que más reflexiono. Me obsesiono con Ella, hasta un punto que me obliga a crecer y descubrir múltiples experiencias que la comodidad y el estatismo no me brindan.
Ella es amante, cómplice, novia, amiga… ¡mejor amiga!, confidente, enemiga, cuidadora, enfermera, maestra, ejemplo, contraste…
Ella me confronta cosas que yo no hago, Ella me consuela de un modo que yo no puedo.
Mi momento favorito con Ella es difícil de escoger, no creo que tenga que ver con sexo, pero sí después del sexo. Quedarme encorvado sobre su pecho hace más de un año escuchando su corazón, su piel caliente y la atmósfera fresca.
Ahora pienso en Nueva York… no lo disfruté, me dolió, desde la compra de boletos hasta llegar a la camita de Ella lleno de fiebre y enfermedad. Nueva York me dolió, pero lo recuerdo con tanto cariño y gratitud, sigo sin creérmelo y cada vez que encuentro una referencia a Manhattan, me siento muy afortunado de haber tenido esa experiencia. Me dolió ese viaje, pero creo que ese dolor es parte de crecer y que de alguna manera estimulé ese dolor al negarme a crecer como un proceso de inercia natural que solicitaban esas condiciones.
No sé que más escribir de Ella. Me gustan sus gatos, en particular el blanco con negro, yo creo porque es vicario de cómo es la relación, desarrollada pero infantil, masculina y femenina, sexualizada y juguetona, mirona, sucia a veces, pero que aparenta lo opuesto, chiqueada, pero también maltratada… llena de mensajes contradictorios, excepto en la continuidad, profundidad y permanencia Ella siempre estará para su gato blanco con negro aunque sea “¡el pinche gato!” y el gato siempre estará para Ella.
Quiero ser como el gato blanco con negro para y con Ella.
Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y terapia de pareja en el D.F., ahora CDMX.
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Wow, me dejaste anonadada. No tengo palabras para expresar la envidia que siento al leer esto. No es envidia mala, sino la que te dice que lo que tu quieres en una relación es otra cosa que lo que es. Puede ser que esté cantinfleando pero la verdad es que me gustaría que mi novio me expresara algo como lo que tu has expresado por la tuya. No la pierdas y no dejes que cambie lo que sientes por ella por más barreras que quieran lograrlo.
Como siempre, soy fan de tus publicaciones y gracias por compartir la parte “humana” de un psicólogo. Nunca me había sucedido que un psicólogo se sienta como un amigo más que una persona que presta un servicio. No sé si sea recíproco, sin embargo, agradezco cada sesión, me has dado mucha claridad de las cosas y cada paso que doy es mejor cuando salgo de tu consultorio. Saludos!
Agradezco mucho tu confianza Sofi. Aprecio que me compartas cómo ves el mundo y me permitas ser testigo de tus procesos.
Y sí tienes razón, más que psicólogo, soy ser humano, y esa característica la consideró para comprender a mis pacientes.
¡Gracias por tus palabras!