Psicólogos DF: Augusto y Agosto



Augusto y Agosto

De repente me da por ponerme reflexivo y en mayo y julio me llegó un anticipo de Agosto.

De chico me gustaban los súper héroes, bueno en realidad, no los súper… Por ejemplo Superman, nunca fue de mi agrado completo, era demasiado fuerte, veloz, completo. No, no lo compraba, ni con la ingenuidad de la infancia.

Me llamaban más la atención los que eran más aterrizados: Batman, y el Hombre Araña. Esos dos eran mi hit. Y luego apareció un tercero que no definen como héroe, ni como villano, un cuate llamado Azrael, que se inventaron en parte como un ejercicio de mercadotecnia en la editorial que creo a Batman, pare incrementar sus ventas al romperle la espalda al hombre murciélago. Su reemplazo fue Azrael, también conocido como Juan Pablo del Valle, dicho en inglés: Jean Paul Valley.

Me tomó un par párrafos para describir a Juan Pablo: un tipo que estudia computación en la universidad, bastante ñoño, que no rompe un plato. Él no lo sabe, pero desde bebé le injertaron algo que se llama “El Sistema”, un montón de información que se encuentra enterrada en lo más profundo de su psiquismo. Esta información es como una Wikipedia para mercenarios y asesinos, supone desde ingeniería hasta artes marciales de cualquier tipo. A sus veintitantos asesinan al papá de Juan Pablo, y con su padre muriendo en sus brazos se entera de que a él, Jean Paul, le corresponde hacer lo mismo que a su papá, que a su abuelo, bisabuelo y así…
Ser el policía y verdugo de una orden clandestina que tiene siglos de existir. En ese proceso el descubre cosas de sí mismo que no sabía, muchísima fortaleza y talento, pero también descubrirá cosas en su interior que pondrán a prueba su cordura. Es un tipo grande y abyecto, esos contrastes me parecen fascinantes.

Así pues, yo creía que mi héroe, antihéroe, o lo que sea favorito era el buen Juan Pablo con su disfraz de Azrael, y de pronto me encuentro con un par de personajes que me dejan boquiabierto. Son grandes por su deficiencia, y con una amiga llegué a la conclusión de que encierran una belleza inefable que tiene el ser humano: la de su completa imperfección.

Son perfectos, admirables, atractivos por su precariedad amalgamada con su fuerza. Tienen muchos defectos, y si no muchos, si son notables. Pero es paradójico que esos deterioros les dan una suerte de personalidad y los hace más grandes.

Y es aquí cuando viene a colación el título: Augusto Agosto

Me cayeron en las manos un par de libros en las que vienen esos nombres:

Augusto, Augustus Waters, también llamado Gus, es un muchacho de diecisiete años, muy popular ahorita por el libro y la película: Bajo la misma estrella.

Agosto, August, u Auggie, es un niño de 10 años que cursa quinto grado en un libro que se llama: La lección de August.

Los dos me parecen increíbles. Como ya mencioné, tienen detalles. A Gus le falta una pierna, y omito más información para no echar a perder la historia a quien se le antoje verla o leerla y no lo haya hecho. Es un chavo carismático, seductor, lanzado, divertido, tiene buenos momentos y pésimos momentos, no da explicaciones por lo que siente y busca hacer la vida más feliz de la gente que lo rodea. Ah, y tiene la capacidad de burlarse de sí mismo con bastante inteligencia.

Por su parte Auggie, me puso a pensar mucho a cerca de lo superficial que puedo ser o del poco valor que le doy a algo que todos tenemos y no apreciamos, me decía un paciente y amigo, nuestra carta de presentación: la cara.
Auggie, se sacó la lotería genética de la deformidad en el rostro, no una, sino tres veces, a lo que hay que agregar cirugías incontables y sus respectivas cicatrices que trataron con relativo éxito de darle forma a su cabeza. Él mismo describe que no entrará en detalles sobre su aspecto, pero lo que el lector imagine se queda corto, es mucho peor.

Ambos personajes uno cojo y otras cosas, el otro sin lo más elemental, una cara, ríen y lloran, son humanos, se quiebran, son valientes, son rechazados, hacen lo que pocos se atreven y cometen errores, y ésa es su grandeza: su humanidad.

Creo en el fondo, que todos somos héroes, que somos seres bellos, perfectos, completos que tenemos una misión, y que incluso en nuestros momentos ridículos, dolorosos o inciertos tenemos la oportunidad de ser grandes. Eso aprendo de Agosto y de Augusto.

Psicólogos y terapia de pareja en línea en la Ciudad de México Distrito Federal, DF, CDMX, Colonia Narvarte, Benito Juárez.

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