| La pareja perfecta
Juan conoció a Laura en el trabajo, comenzaron como amigos, comían con los demás compañeros de la oficina, pero algo empezó a ocurrir. A Laura le parecía que Juan platicaba muy padre, y a Juan, le hacía sentir muy bien siempre que estaba con Laura, los dos empezaron a comer solos. Iniciaron las conversaciones por celular y los mensajitos. De esas comidas, siguieron cafés, cine, patinar sobre hielo, una que otra copa, un viaje a Cuernavaca. Después de andar un rato así, se hicieron novios, y transcurridos unos días, ella le dijo a él un “te quiero”, Juan vaciló, por temor a comprometerse con dos palabras tan pesadas, y correspondió con un tibio: “gracias”.
Pasó un poco más de tiempo y Laura dijo de repente en los brazos de Juan un “te amo”, él respondió: “te quiero”. No es que Juan no sintiera algo muy fuerte por Laura, sino que él sentía que una vez que dijera un te quiero, o un te amo, un compromiso tremendo lo abrumaría.
Después de algunos días, el “te amo” de Laura encontró eco en los labios de Juan, al grado de que él se sorprendió de lo natural que le salía.
Esos “te amo”, se volvieron, primero intercambio, después competencia. De un “te amo”, seguido de otro “te amo”, se dio paso a un “te amo”, seguido de un “yo te amo más”, luego un, “no, yo te amo más”, para seguir con un “no, yo te amo mucho más…”
La relación se fue haciendo más y más estrecha, no había secretos entre ambos, estar separados, aunque fuera un día, era doloroso. Los dos eran celosos, pero trataban de mantenerse controlados.
Ambos habían nacido en Agosto, así que para compartir algo más en ese mes de nacimiento decidieron que se casarían en Agosto, el 15 para ser exactos. No definieron de qué año, pero de que era 15 de Agosto, los dos muy seguros. Su primer hijo se llamaría Brian, si era niña Yolanda.
Además de la pura planeación comenzaron a considerar la posibilidad de pagar el enganche de una casa y de dos coches, a los dos les iba bien en el trabajo, y así como podían pasársela a gusto en cenas caras, también se la pasaban cómodos viendo películas y comiendo pizza en casa de alguno.
Un día Laura encontró una oportunidad en otro trabajo. Juan le dijo que cualquiera que fuera su decisión, él la apoyaría. Ella le respondió con un beso y un abrazo.
Laura inició su nuevo trabajo, y Juan iba a recogerla, aún cuando eso implicaba alejarse notablemente de su empresa y de su casa. Laura le dijo que no se molestara que una amiga vivía cerca de su depa y podría darle ride. Él le respondió que para nada era molestia, todo lo contrario. Ella agregó que lo que ocurría es que los amigos del trabajo a veces la invitaban a tomar algo, y siempre le decían que no fuera aguada, por no acompañarlos, ¿no te enojas si salgo con ellos alguna vez? Él respondió con fingido desenfado, que noooo, ¿cómo pensaba eso de él?
Algo ocurrió a partir de entonces. Ya no había ese cuelga tu primero, no tú. Las salidas se espaciaron, y a los besos y abrazos, se dieron momentos en los que Laura se quedaba como ida, y Juan le preguntaba ¿qué piensas? Y ella respondía: nada.
Laura comenzaba a decirle que porque siempre andaba con los mismos zapatos, que no se lo tomara a mal, pero debía variar su guardarropa, que siempre la presionaba. Juan no comprendía esa nueva versión de Laura, pero se dijo que todas las parejas tienen sus altibajos.
Y eso seguía con ¿a dónde quieres ir a comer? Y ella respondía: A donde quieras. Y ya en los tacos, ¡Cómo es posible sabes que estoy a dieta, y me traes a comer esto! Pero si yo te pregunté que adónde querías comer. ¡Sí, pero es sentido común! Perdón amor. ¡Sí así siempre quieres arreglar las cosas!
Juan mandaba mensajes, Laura tardaba en contestarlos, si es que llegaba a hacerlo. Pero no había problema, ella lo amaba, además, ¿qué onda con los proyectos de la casa, los coches, el casorio y junior?
Así que con esta forma de pensar, fue un trancazo para Juan cuando ella le dijo: -Necesitamos darnos un tiempo. Él casi se atraganta el pedazo de pastel que estaba comiendo en ese momento. -¿Cómo –preguntó él? -Necesitamos un tiempo –recalcó ella. -¿Cómo es un tiempo? Lo doloroso y evidente, se volvía de pronto para Juan muy difícil de comprender. -Necesito tiempo para pensar, para aclarar mis emociones, tú sabes. Juan se desplomó, Laura está confundida, ella me ama, pensó. Pero, al ver que sus intentos de convencerla de retractarse del “tiempo”, la volvían más distante, él optó por ser más comprensivo: -Ok. Toma el tiempo que necesites. Pero quiero que sepas que yo voy a estar aquí esperándote y que eres mi vida. -¡Juan, por favor no llores, me haces esto más difícil! -Pero… ¡es que te amo! -Yo también te amo, nadie me trata como lo haces tú. Pero necesito estar sola, entiéndeme por favor. Un relumbrón de esperanza tranquilizó a Juan, ¡ella había dicho que también lo amaba! No todo estaba perdido, sino para qué iba decir que lo amaba, ¿no? Salieron de la cafetería, Juan la dejó en su casa y ella le dio un amistoso beso en la mejilla, mientras bajaba del coche sin mirar atrás.
Media semana después, larguísima por cierto, Juan sentía una desesperación tal que dijo: bueno, ya pasó un tiempo. Él respetaba el tiempo, pero no aguantaba. Seguro que ella se sentía igual, así que, ¿para qué prolongar el suplicio? Le daría la sorpresa a la salida del trabajo con un ramo de flores.
-¿Juan –el rostro de Laura evidenciaba sorpresa e incomodidad? -Pasaba por aquí y quería ver si habl… -¡Juan! Ahora estoy ocupada, ya tengo un compromiso al rato. -Bueno. Si quieres… te hablo y arreglamos algo para comer… -No entiendes, ¿verdad? Te pedí un tiempo, y no lo estás respetando, ¿así cómo quieres que regresemos sino sabes darme mi espacio?
Juan se fue triste y más angustiado de lo que se sentía antes, pero él lucharía por la relación, si él era el culpable de eso, él lo resolvería, le demostraría que la amaba de verdad a pesar de todo y que podía confiar en él. Así que tomó el celular y le escribió “Eres mi todo.” Esa frase la desarmaría, era la que más le gustaba a Laura en los días rosados, seguro funcionaría de nuevo. Apretó “Enviar” y esperó.
Media semana y nada. El vacío y la negrura de lo que sentía era tal que decidió que intentaría otra cosa, la esperaría a la salida de su trabajo. Era una idea magnífica, podrían platicar durante el camino. ¿Pero si salía con sus compañeros? ¿Cómo la abordaría? ¿Y si ya tenía plan?
Dicho y hecho, la abordó, y ella platicó todo el camino, por su celular, supuestamente con una amiga. Colgó al llegar a su casa. Por lo menos estuvo cerca de ella. Cuando se detuvo el coche y ella bajó. Él le dijo que la amaba, y le suplicó que volviera. Esa fue la diferencia de las otras ocasiones, las palabras: “te suplico”. A lo que Laura le respondió que no se lastimara, que por favor necesitaba estar sola y que no la presionara.
Juan se sintió fatal, pero se animó al recordar que la siguiente semana sería el cumpleaños de Laura. ¡Por supuesto que el podía acercarse en ese día especial! Ya te imaginarás qué ocurrió…
-Yo creo que te confundiste. Ella me dijo que necesitaba estar sola. Y tenemos planes de casarnos. Necesitaba un tiempo. Eso es todo, si estuviera con otra persona me lo diría –le dijo Juan al mentiroso de su amigo. ¿Cómo era posible que hubiera gente tan envidiosa y chismosa?
Tres de la mañana, y el celular de Laura decía en la pantalla “Juan”.
-Lorenzo me dijo que te vio con un chavo. Eso es mentira, ¿no? -Juan, ¿sabes qué hora es –le contestó Laura amodorrada y molesta? -¡Sólo dime la verdad y te dejo en paz, dime que es mentira y ya! -¡Juan, no me grites! ¡No soy tu propiedad y lo que haga con Jacinto no te importa una *#$%&, ni a ti, ni a tu *#$%& amigo! -¿Jacinto? ¿Jacinto? ¿Es del trabajo? ¡Pero cuándo!
Es curioso, pero esta historia sucede cada hora, todos los días del año, con diferentes actores y actrices, con múltiples nombres, pero siempre, siempre, el mismo inicio, desarrollo y desenlace. Así es y así será, a menos que se rompa el guión, de otro modo es predecible. |
Arturo Hernández Vera especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en México D.F. y CDMX, Cólonia del Valle y Narvarte, Delegación Benito Juárez.
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