| ¿Cómo habla tu patito feo? Parte 2 de 2
Quiero contarte de Fátima… Cuando llegas, te recibe siempre con una sonrisa, se acuerda de lo que pediste la última vez, te hace sentir especial pues se sabe el nombre de todos los que consumen en ese lugar, su memoria para caras, nombres y platillos es prodigiosa.
Viene un detalle, la sonrisa anfitriona de esta mujer es sui generis: tiene una leve marca. Tuvo un problema de labio leporino de chica, pero esta situación se corrigió con el paso del tiempo y la atención médica adecuada. No se nota más que una sombra minúscula que se descifra después de mucha atención. A simple vista, uno no se da cuenta, y ya que lo percibes, piensas que es una silueta ocasionada por la iluminación del restaurante.
Lo cierto es que gran parte de los comensales de ese sitio van por Fátima, la comida es buena, pero esta niña te hace sentir especial, platica contigo, se acuerda de lo que te gusta, tiene don de gentes, es inteligente, y es muy bonita. Su cuerpo es muy armónico, su piel es blanquísima sin motas, ni cicatrices, sus uñas impecables, su rostro anguloso, su nariz, una bolita perfecta en medio de su cara, y sus ojos… Soberbios: color miel con un destello infantil e ingenuo que contrasta con las conversaciones profundas que puede intercambiar con los clientes del lugar.
Ahora viene algo curioso que sucede con Fátima, Su cabello es castaño, dócil y largo y cae en avalancha, y cuando llegas a esos hombros te das cuenta de que hay algo que choca con la plática, la mirada, la actitud y el cuerpo, con todos sus atributos, y es que el cabello sigue a una pésima postura. Ese pelo, suelto siempre, le cubre la cara, y sus hombros se arquean ligeramente al frente.
Fátima me recuerda al patito feo, le apena una herida de la infancia, una cicatriz inexistente que ahora se cubre con el cabello y su postura encorvada. Se avergüenza de algo que fue, y lo peor es que dice que siempre será mesera, cuando tiene la inteligencia para estudiar lo que se le antoje y la presencia para ser modelo si le apetece.
Lo trágico con Fátima es que no se da cuenta de que es Fátima, sino que se vive como una cicatriz con patas. Según ella, su esencia no son sus atributos, su esencia es un defecto de la niñez que ya no existe. |
Arturo Hernández Vera especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en México D.F. y CDMX, Cólonia del Valle y Narvarte, Delegación Benito Juárez.
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