
¿Cuál es el mayor miedo de los psicólogos y psicoanalistas que dan terapia en México DF (ahora CDMX)?
A lo mejor generalizo y sólo estoy proyectando mis inseguridades, pero creo que el mayor miedo que tenemos los psicólogos es al éxito…
Hace unos años me impresionó como por más entrenamiento que podamos tener o libros acerca del psiquismo humano que podamos leer, en la mayoría de las ocasiones pervive un niño temeroso que se justifica aún cuando tratamos de ayudar a otras personas a que elaboren sus inseguridades y descubran su potencial latente.
Cómo comenté en otro post (Cómo buscar psicólogo en el DF), cuando abrí mi consultorio me encontré con que mis maestros me contaban de sus pacientes, y yo sobreentendí que nada más concluida la maestría, uno abría su consultorio y en automático llegaban los pacientes.
No es así.
Como con cualquier producto o servicio, se lleva un proceso de construcción.
Encontré en revistas zonales mis primeros escaparates, pero en internet, hallé un medio para darme a conocer de muy amplio alcance. Antes de cualquier paso, siempre dudé, muy pocas veces me decepcioné y varias, me llevé agradables sorpresas. Invitaciones a la televisión, viajes pagados como conferencista, conocer a muchas personas interesantes que me permiten la confianza de conocer su mundo interno.
El dinero es y fue una de las razones por las que empecé a usar internet como psicólogo hace bastante tiempo.
Después de unos meses de registrar mis datos en diversos lugares decidí pagar $250.00 por un anuncio… vi que me llamaban algunas personas por esa módica inversión… A muchos otros psicólogos les compartí como me funcionaba ese espacio. Me sorprendía que la reacción de especialistas en terapia que se dedican a resolver inseguridades fueran respuestas como: “¿pero qué clase de pacientes te pueden llegar por internet?”, “¿Pero, si es peligroso?”
La confianza de un amigo con bastante prestigio y aprecio en diversas instituciones me ayudo a presentar junto con él un curso llamado “Como conseguir pacientes”. Usamos una base de datos que incluía los correos de varios psicólogos y psicoanalistas y encontramos dos respuestas opuestas: por un lado nos tachaban de manipuladores poco éticos y materialistas que lucrábamos con el servicio de atención psicológica, por otro, nos pedían información de cuánto costaba y si podían apartar de una vez su lugar.
Dimos dos o tres cursos de estos enfocados a psicólogos, terapeutas de diversas escuelas y psicoanalistas. Curiosidad y suspicacia eran frecuentes. Fue muy curioso que de inmediato se suscribieron al directorio de psicólogos que recomendaba la mayor parte de los terapeutas que asistían al curso.
Se me ocurrió comentarle a la coordinadora de la maestría para psicólogos y psicoanalistas donde estudié del dichoso directorio de psicólogos en el que me promocionaba y que le permitía una búsqueda fácil a los pacientes potenciales con las siguientes palabras clave: “psicólogos”, “psicólogos de México”, “Psicólogos México DF”, “Psicólogos Colonia del Valle”, “Psicólogos y terapia en el DF”, “Terapia de pareja en México DF”, Terapia de pareja en la colonia del Valle”, “Psicólogos en la delegación Benito Juárez.”
La coordinadora se sorprendió y empezó a recomendar dicha página a los psicólogos que estudiaban en la escuela…
Sobra decir que pasó con el directorio de psicólogos. Cuando alguien con prestigio recomienda algo, sus seguidores o alumnos harán a ojos ciegos lo que les indiqué cuando ellos le pidan ayuda. Mis compañeros psicólogos le pedían a la coordinadora que los tuviera presentes en caso de que supiera de alguien que requiera servicio o atención psicológica. Ella les comentaba de la página de psicólogos y ellos corrían a sus computadoras a subir sus datos al portal de terapeutas.
El directorio se saturó. La oferta del servicio de psicólogos se volvió muy abundante. Curioso que eso no me afectó negativamente, por el contrario, veía que tanta gente creía en lo yo había propuesto y que muy pocos psicólogos antes de mí habían aprovechado, decidí empezar a meter más dinero en publicidad de internet. De pronto me caché pagando el doble de lo que pagaba de renta por el espacio físico del consultorio de atención psicológica.
Que otros psicólogos abarcaran un espacio más o menos virginal en internet me obligó a ser más agresivo en mis movimientos y más claro en la solución que les brindaba mi servicio psicológico a mis pacientes, a saber, personas que acaban de terminar una relación… Me di cuenta que debía de dejar de pensar como psicólogo y más como paciente, entonces empecé a esbozar frases y preguntas (poco académicas o profesionales) que tanto había sentido como escuchado, tales como: “cómo superar una ruptura amorosa” “cómo superar a tu ex” “cómo superar una infidelidad” “como dejar de ser celoso”, “cómo no sentir celos”, “cómo superar a alguien que amas” “cómo superar una relación”, “cómo superar una separación” o “cómo superar un divorcio”.
Estas frases que todos hemos pensado alguna vez, me permitió ser más sensible como psicólogo a las necesidades de mis pacientes, desde mi propuesta en el servicio terapéutico hasta en el momento en el que los escuchaba y me daba cuenta que el discurso que no funciona para superar una situación de dependencia emocional era:
Deja que te extrañe.
Déjalo ir y si regresa es que es para ti.
Date a desear.
Date a respetar.
No te merece.
Tú vales mucho para él.
No lo vale.
Hombres hay muchos.
Échale ganas.
Por algo pasan las cosas.
El tiempo lo cura todo.
¡Ponle límites!
Ya te tomó la medida.
Si tú no te quieres, ¿Cómo esperas que él te quiera?
No vale la pena.
Estás mejor sin él, o
Más vale sola que mal acompañada.
¡Quiérete!
La cosecha de mujeres nunca se acaba.
Todo va a estar bien.
¡Ya! ¡Supéralo!
¿Quién te entiende?
Las palabras se las lleva el viento.
Guarda esas lágrimas para cuando yo me muera.
Tómalo como de quien viene.
No te lo tomes personal.
Deja ser su tapete.
No le hagas caso y en dos días regresa.
A partir de definir el discurso convencional que no ayuda a los pacientes, sino, que, muy al contrario los engancha más en sus relaciones destructivas de dependencia emocional.
Cada vez que a algún psicólogo le proponía invertir en publicidad o en cursos de mercadotecnia que mí me habían permitido llegar a más pacientes, y en consecuencia incrementar mis ingresos económicos como terapeuta y el acceso a múltiples oportunidades, encontraba miedo…
Eso me frustraba un poco… puedo comprenderlo de otras profesiones, pero que nosotros como psicólogos seamos tan renuentes a dinámicas que no nos enseñan en la escuela resultaba algo… decepcionante.
Toda esta anécdota acerca del portal de psicólogos y los cursos que lo promocionaban así como su saturación una vez que se probó, me da perspectiva cada vez que me siento avergonzado, temeroso o poco profesional por dar un salto de fe a un movimiento nuevo.
Creo que la ingenuidad o el miedo que me acompañan más como ser humano, que como psicólogo a veces me frenan, pero también me permiten acceder a recursos que la mayoría de los terapeutas tenemos a nuestro alcance, pero que nuestros temores hechos prejuicios nos impiden implementar.
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Hola soy psicólogo y estoy buscando terapeuta en la CDMX.
¿Que línea manejas tu?
Hola Fabio, estudié psicoterapia psicoanalítica y me especializó en terapia de pareja y dependencia emocional.
Hola Fabio!
Estudié psicoterapia psicoanalítica, pero en terapia me especializó en resolución de ruptura de pareja y dependencia emocional.
Estamos cerca de tus instalaciones.