
De chico mi papá me regaló una caja de carrito metálicos.
Me encantaban. Tenían un motorcito que funcionaba al jalar al carro para atrás y soltarlo.
Entonces, el juguete se deslizaba con una velocidad tremenda que duraba…
Un par de segundos.
Si lo dejabas en una superficie libre de obstáculos el carrito arrancaba durísimo, luego bajaba hasta que ni la inercia le quedaba.
Hay momentos en los que empiezo un proyecto y tengo presente lo que llamo el síndrome del carrito de fricción. Empiezo algo con mucho entusiasmo y curiosidad en equipo o solo… y al paso de unos días o semanas o meses, pierdo ímpetu y abandono…

Como carrito oxidado sin motor y sin ruedas.
Tengo 3 opciones que me funcionan:
1. Me quemo y me desvelo en la actividad hasta que la concluyo (pero corro el riesgo de saturarme).
2. La mantengo en un nivel de comodidad y la suspendo antes de que me canse y la hago diario, tratando de quedarme en suspenso en el mejor momento, y
3. Me involucro en una atmósfera donde haya muchas más personas que hacen eso que quiero resolver, de tal modo que me contagien su entusiasmo y su curiosidad en momentos en los que no estaré de ánimo para darle continuidad a algo que me enriquece.
¿cómo vences tu síndrome de carrito de fricción cuando algo se vuelve monótono, cansado o no te sale tan bien como en un principio?
Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en el D.F.
artherver@yahoo.com.mx
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