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Psicólogos en México DF CDMX Colonia Narvarte especializados en terapia de pareja

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Psicólogos DF: Uno de mis peores errores en terapia individual y terapia de pareja en la delgación Benito Juárez



Uno de mis peores errores como terapeuta

Hace una semana platicaba con Flor, quien me pidió que escribiera esto.

Creo que parte de las características que tengo como ser humano, independientemente de mi género, mi edad, mi experiencia (y mi falta de ella), mi contexto… Es que soy limitado, contingente, sesgado; es decir: falible. Me equivoco.

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Psicólogos DF: A ver si te da risa…

A ver si te da risa…



“A ver si el día que yo te haga una escena así, te da risa.”

Así le dijo su novia.

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Psicólogos DF: Qué gano cuando pierdo (Parte 1 de 2)

Qué gano cuando pierdo (Parte 1 de 2)



El martes platicaba con un paciente y le pedía que se preguntara algo.

Mis maestros me enseñaron a ser muy cuidadoso con prometer o garantizar algo, ya que el estado de ánimo o el psiquismo o lo que sea que llevamos dentro, es una variable cambiante e impredecible…

Sin embargo, me arriesgué a sugerirle eso, ya que he comprobado las virtudes aclaradoras de esa pregunta.

¿QUÉ GANO?

Me he dado cuenta que no hay conductas absurdas en sí… Lo que decimos, hacemos, pensamos o sentimos, tiene un sentido…
Aún lo que más nos duele, nos destruye, nos desconcierta… tiene un sentido y cuando hago pausa en un momento de confusión o desesperación lo primero que viene a mi cabeza si me pregunto qué gano es: ¡NADA!

Es la reacción normal que yo manifiesto cuando algo me rebasa, la segunda reacción que tengo si insisto aún sintiéndome un tonto que busca el hilo negro donde sólo hay frustración es un esbozo de paz conmigo.

Y entonces empiezo a descubrir que lo que hice, dije, pensé, sentí y terminó lastimándome o lastimando a alguien más fue un recurso desesperado que tenía en ese momento.

Lo más padre, es que, cuando le encuentro un sentido y luego lo platico con la persona involucrada si es que la hay (porque a veces nuestras luchas son intestinas y no hay un oponente externo), sin quitarme mi parte de responsabilidad y con la intención de reparar, esa emoción desagradable o conducta errática tiende a resolverse porque se hace consciente y deja de hacer ruido.

No nos autodestruimos gratuitamente, y una manera de evitar repetir patrones de comportamientos o emociones que nos duelen es dejar de luchar con ellos por un momento y asumirlos con consciencia.

Psicólogos DF: ¿Qué ganas cuando pierdes? (Parte 2 de 2)



Qué ganas cuando pierdes (Parte 2 de 2) o
¿Por qué me peleo?

Hace poco me cayó un veinte: tiendo a huir del conflicto, y eso provoca dos cosas:
1) O bien, desarrollo relaciones superficiales con las personas o conmigo mismo (si es que existe esa posibilidad), o bien,

2) acumulo tensión hasta que, por una trivialidad, acabo con el estómago destrozado o exploto después de aguantar muchas cosas que no quise expresar en su momento.

Si se sabe vivir, hacer drama, mostrar disposición hacia cómo vive la situación la otra persona, y se habla para resolverse, el conflicto genera confianza en las relaciones y en uno mismo para expresar algo que no te gusta sin temor a ser rechazado, juzgado o lastimado.

Es normal equivocarse, es normal, y, hasta saludable, hacer berrinches, si se reconocen y se saben modular las emociones desagradables para desahogarse sin herirse uno mismo o a alguien más.

Creo que hay dos razones por las que me peleo con gente que es importante para mí, y que si tengo claro esos motivos, será más fácil perderle el miedo al conflicto y llegar a relaciones ricas, profundas, recíprocas y prolongadas:

1. Me peleo para alejarme:

Saboteo una relación en la que siento más emociones de las que me creo capaz de manejar y pelearme, me ayuda a sentir coraje para anestesiarme del dolor de la pérdida potencial. Si me peleo contigo, te voy a odiar, si te odio, es menos difícil sentir que te voy a extrañar. Si me enojo contigo y te echo la culpa de mi malestar, hago como que voy más ligero, no siento tanta culpa y justifico mi conducta para venderme la idea de que soy el agraviado y tú eres la maldad personificada.

2. Me peleo para acercarme:

Hay ocasiones en las que una relación se vuelve cordial, gris, aburrida… y una manera de preservarla es a través del conflicto.
Me explico: Cuando estoy enojado, nervioso o asustado, siento una corriente de muchísimas hormonas en mi cuerpo. Estoy alerta e hipersensible a lo que la otra persona me diga o haga y también me preparo para lastimar y defenderme… me vuelvo muy bueno para recordar faltas y deficiencias de la persona que es importante para mí…

En ese momento estoy conectado con esa persona, la relación está viva y clara… El problema es que la relación se enfoca en estar viva para criticar, maltratar o defenderme, en lugar de estar viva para comprender el dolor ajeno o rememorar los motivos por los que esa relación vale la pena.

Si consideras estos dos puntos, la próxima vez que huyas de un conflicto, pregúntate si vale la pena caer en una relación superficial o quedarte con algo atorado en la garganta, y la próxima vez que te pelees con alguien importante para ti, pregúntate si es para sabotear esa relación o para revivirla a través del dolor con una inyección de adrenalina.