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Psicólogos en México DF CDMX Colonia Narvarte especializados en terapia de pareja

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Psicólogos DF: Lecciones que no queremos



Lecciones que no queremos

Hace una semana fui a dos cumpleaños en un mismo día, una comida, y luego una fiesta.

Ocurrió una extraña coincidencia…

Las festejadas, sin conocerse, me dijeron algo parecido con unas horas de diferencia. Seguir leyendo Psicólogos DF: Lecciones que no queremos

Psicólogos DF: La bendición de perder la memoria

La bendición de perder la memoria



Jerome Frank

Jerome Frank fue uno de mis profesores en John Hopkins, un pionero en la terapia de grupo, y mi guía en ese campo. Además durante toda mi vida fue un modelo de integridad personal e intelectual. Después de graduarme, seguí en estrecho contacto con él, visitándolo durante su gradual declinación en un hogar para ancianos de Baltimore.

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Psicólogos DF: Cómo sufrir con éxito



Cómo sufrir con éxito

Me gusta y me disgusta ese título, me gusta porque tiene impacto, me disgusta porque mi intención es la opuesta: aprender a disfrutar.

El sábado una amiga me compartía que ella disfruta más ahora que antes, que ella es más feliz ahora que antes. Me gustó mucho escucharla y darme cuenta de lo congruente que es, contagia su entusiasmo.

Al escucharla me puse a pensar que en el trato cotidiano hay una serie de reglas que nos permiten sufrir con mucha eficiencia. Una serie de reglas que si se siguen y se ejecutan varias veces al día crearán un infierno todos los días. El problema es que no nos damos cuenta que todos los días a todas horas, en vacaciones o en actividad, en casa o en el trabajo, solos o acompañados, en silencio y en pláticas… no dejamos de entrenarnos en sufrir.

He aquí el manual para conseguir un sufrimiento crónico:

1. QUÉJATE.
En todo momento, encuentra las deficiencias, ve los defectos de todo lo que puedas, y sí lo acompañas con frustración e impotencia, ¡qué mejor! Perdón, ¡qué peor!

2. COMPÁRATE.
Piensa en todo lo qué harías si tuvieras el dinero, la apariencia, la inteligencia, las oportunidades que los otros tienen. Afirma que la vida es injusta y que tú tienes una serie de obstáculos que la mayoría no tiene.

3. COMPITE.
Va de la mano con la anterior; Mira tu desempeño y evalúalo con el de los demás, recuerda otros instantes de tú vida y menciónate que no estás en tu mejor momento, este punto nos lleva al siguiente que es:

4. EXÍGETE.
Tienes que dar más, tienes recursos que la mayoría no tiene, tienes que ser más eficiente, tienes que ahorrar más, podrías ser y hacer más y en el fondo lo sabes. Duerme menos, disfruta menos y tómate la vida en serio.

5. ARREPIÉNTETE.
Este se divide en dos apartados, según personalidades:

A) De lo que haces.
Piensa en que tus errores son catastróficos, que son imposibles de reparar, que tus acciones han dejado cicatrices profundas e imborrables en otras personas. Asume que podrías estar mucho mejor si no hubieras ejecutado tus decisiones pretéritas y azótate por ello.

B) De lo que no haces:
El verbo favorito es haber… “Hubiera”, arrepiéntete por perder tus sueños y tus fantasías, por no atreverte, por preocuparte por la opinión de los demás, por temer a hacer el ridículo, por temor al fracaso o al rechazo. La joya de la corona es ver a otros que sí se arriesgan y obtienen lo que tú no te atreviste a conseguir.

En contraposición al manual del sufrimiento crónico que muchas veces entrenamos sin darnos cuenta, se encuentra otro que se llama:

Manual del Hedonismo compartido, y sus principios son los siguientes [NOTA: también conviene entrenarlo tanto o más que el manual anterior, Roma no se hizo en un día]:

1. RECIBE.
Todo lo bueno que la gente te brinde, aunque sea pequeño, aunque no te lo creas. Eres una persona valiosa, digna de recibir. Cuando alguien te diga algo bueno de ti, no te justifiques, ni lo minimices. Cuando alguien tenga un acto de gentileza contigo, controla el pensamiento súbito de que esa persona tiene una intención oculta, a lo mejor sí, pero aprovecha esa ocasión para entrenarte en recibir, te hará bien.

2. PIDE.
Nos preocupa pedir por temor a sentirnos comprometidos, cuando muchas veces quienes nos rodean están deseosos te compartir, apoyar o ayudar. Pide lo que quieres con amabilidad y empatía, te va a sorprender lo gratificante que puedes ser para otra persona darte lo que pides.
Y si no te dan lo que pides, no pasa nada, te ejercitas en tolerar la frustración y saber que sobrevives y no duele tanto conseguir inmediatamente lo que quieres, incluso hace más gratificante el proceso.

3. AGRADECE.
Es el opuesto a quejarse. Si te quejas te vuelves una persona observadora de todas las deficiencias para poder quejarte más, necesitas hacerlo. Si agradeces, te programas para encontrar y fomentar más cosas buenas y bellas por las cuales agradecer. Además la gratitud estimula a la gente que te da algo a brindarte más.

4. FLUYE.
No necesitas demostrarle nada a nadie, ni a tu propia mismidad. No estoy diciendo que botes tus responsabilidades y tu trabajo actual si son insatisfactorios. Pero sí, que te hará más fácil la vida, si defines qué te hace sentir bien y en que tienes una disposición notable, por el puro placer de vivir la experiencia. A eso, que te gusta hacer por el puritito gusto, dedícale tiempo, dinero y energía.

5. COMPARTE.
Se dice que las penas con pan son menos… las lágrimas compartidas se secan más rápido. En oposición a esto, no deja de impresionarme que una experiencia agradable compartida, en risa, plática, comida, la vivencia que sea, se amplifica notablemente cuando estás con otra persona. Así es que comparte, no dejes que otra persona o personas se pierdan lo mucho que sabes, sientes o has vivido, y no te cierres a lo que otras persona te pueden aportar, sin importar su género, nivel de estudios académicos o su posición económica.

6. ASÓMBRATE.
De la tecnología, de todo lo que puedes hacer, de todo lo que tienes. De las bendiciones de la vida, de que puedes sentir muchas emociones, de que puedes decidir si te sientes bien o te sientes mal, de que eres una persona libre, asómbrate de todo lo que puedas, el tedio incentiva el sufrimiento crónico.

7. DISFRUTA.
De todo, del frío, del calor, de la multitud… Ríete de situaciones que hubieras pensado grotescas. Aprende a valorar la gratuidad. Disfruta de cosas pequeñas, te van a entrenar para saborear más intensamente grandes placeres y a evitar el vacío que a veces llega después de un estímulo muy fuerte.

Psicólogos y terapia de pareja en línea en la Ciudad de México Distrito Federal, DF, CDMX, Colonia Narvarte, Benito Juárez.

Psicólogos DF: Augusto y Agosto



Augusto y Agosto

De repente me da por ponerme reflexivo y en mayo y julio me llegó un anticipo de Agosto.

De chico me gustaban los súper héroes, bueno en realidad, no los súper… Por ejemplo Superman, nunca fue de mi agrado completo, era demasiado fuerte, veloz, completo. No, no lo compraba, ni con la ingenuidad de la infancia.

Me llamaban más la atención los que eran más aterrizados: Batman, y el Hombre Araña. Esos dos eran mi hit. Y luego apareció un tercero que no definen como héroe, ni como villano, un cuate llamado Azrael, que se inventaron en parte como un ejercicio de mercadotecnia en la editorial que creo a Batman, pare incrementar sus ventas al romperle la espalda al hombre murciélago. Su reemplazo fue Azrael, también conocido como Juan Pablo del Valle, dicho en inglés: Jean Paul Valley.

Me tomó un par párrafos para describir a Juan Pablo: un tipo que estudia computación en la universidad, bastante ñoño, que no rompe un plato. Él no lo sabe, pero desde bebé le injertaron algo que se llama “El Sistema”, un montón de información que se encuentra enterrada en lo más profundo de su psiquismo. Esta información es como una Wikipedia para mercenarios y asesinos, supone desde ingeniería hasta artes marciales de cualquier tipo. A sus veintitantos asesinan al papá de Juan Pablo, y con su padre muriendo en sus brazos se entera de que a él, Jean Paul, le corresponde hacer lo mismo que a su papá, que a su abuelo, bisabuelo y así…
Ser el policía y verdugo de una orden clandestina que tiene siglos de existir. En ese proceso el descubre cosas de sí mismo que no sabía, muchísima fortaleza y talento, pero también descubrirá cosas en su interior que pondrán a prueba su cordura. Es un tipo grande y abyecto, esos contrastes me parecen fascinantes.

Así pues, yo creía que mi héroe, antihéroe, o lo que sea favorito era el buen Juan Pablo con su disfraz de Azrael, y de pronto me encuentro con un par de personajes que me dejan boquiabierto. Son grandes por su deficiencia, y con una amiga llegué a la conclusión de que encierran una belleza inefable que tiene el ser humano: la de su completa imperfección.

Son perfectos, admirables, atractivos por su precariedad amalgamada con su fuerza. Tienen muchos defectos, y si no muchos, si son notables. Pero es paradójico que esos deterioros les dan una suerte de personalidad y los hace más grandes.

Y es aquí cuando viene a colación el título: Augusto Agosto

Me cayeron en las manos un par de libros en las que vienen esos nombres:

Augusto, Augustus Waters, también llamado Gus, es un muchacho de diecisiete años, muy popular ahorita por el libro y la película: Bajo la misma estrella.

Agosto, August, u Auggie, es un niño de 10 años que cursa quinto grado en un libro que se llama: La lección de August.

Los dos me parecen increíbles. Como ya mencioné, tienen detalles. A Gus le falta una pierna, y omito más información para no echar a perder la historia a quien se le antoje verla o leerla y no lo haya hecho. Es un chavo carismático, seductor, lanzado, divertido, tiene buenos momentos y pésimos momentos, no da explicaciones por lo que siente y busca hacer la vida más feliz de la gente que lo rodea. Ah, y tiene la capacidad de burlarse de sí mismo con bastante inteligencia.

Por su parte Auggie, me puso a pensar mucho a cerca de lo superficial que puedo ser o del poco valor que le doy a algo que todos tenemos y no apreciamos, me decía un paciente y amigo, nuestra carta de presentación: la cara.
Auggie, se sacó la lotería genética de la deformidad en el rostro, no una, sino tres veces, a lo que hay que agregar cirugías incontables y sus respectivas cicatrices que trataron con relativo éxito de darle forma a su cabeza. Él mismo describe que no entrará en detalles sobre su aspecto, pero lo que el lector imagine se queda corto, es mucho peor.

Ambos personajes uno cojo y otras cosas, el otro sin lo más elemental, una cara, ríen y lloran, son humanos, se quiebran, son valientes, son rechazados, hacen lo que pocos se atreven y cometen errores, y ésa es su grandeza: su humanidad.

Creo en el fondo, que todos somos héroes, que somos seres bellos, perfectos, completos que tenemos una misión, y que incluso en nuestros momentos ridículos, dolorosos o inciertos tenemos la oportunidad de ser grandes. Eso aprendo de Agosto y de Augusto.

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Psicólogos DF : ¿Qué idioma hablas?



¿Qué idioma hablas?

Ayer, sábado y el jueves me pasó algo extraño. Me di cuenta que todos hablamos diferentes idiomas emocionales. Nos lo enseñan nuestros padres, nuestra historia, nuestras frustraciones y éxitos…
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Psicólogos DF: experto en terapia de pareja en colonia del valle



¿En qué eres experto o experta?

Este fin de semana fui a un seminario, y uno de los ponentes, me dejó pensando varias cosas.

Nos regaló algo por lo que él pagó 40,000 dólares.

En una capacitación a la que fue a California, en la que gastó la suma mencionada, le dijeron lo siguiente:

“Nadie va a venir a decirte que tú eres experto. Tú tienes que creértelo. Si tú no lo haces, nadie lo va a hacer por ti.”

No tienes que tener un título o una certificación, forzosamente para hacer algo bueno que impacte en los demás.

Todos tenemos talentos diferentes, habilidades que muchas veces subestimamos, y que en ocasiones los demás nos dicen que nos resaltan. Puede ser cocinar, arreglar algo, hacer sentir mejor a las personas, aprender rápidamente, ser muy detallista…

Existen costumbres y gustos en los que todos los días nos especializamos, todos los días, hacemos nuestra maestría o nuestro diplomado en algún área de vida, que otra persona no esta ejercitando y le interesa resolver o que se la resuelvan.

Hay cosas que nos dicen una y otra vez, características que sólo te dicen a ti, y que piensas que sólo te las describen como una gentileza superficial o que se las dicen a todo el mundo.

Así que pon atención: Tanto cuando escuches múltiples veces que te halagan por algo en particular, como cuando te señalen que te tomes la vida en serio y dejes de hacer algo que a ti te apasiona pero la mayoría lo encuentra como una pérdida de tiempo, pregúntate:

¿En qué soy experto o experta?

Y

¿Cómo puedo ayudar a otros con esto?

Psicólogos DF: Qué gano cuando pierdo (Parte 1 de 2)

Qué gano cuando pierdo (Parte 1 de 2)



El martes platicaba con un paciente y le pedía que se preguntara algo.

Mis maestros me enseñaron a ser muy cuidadoso con prometer o garantizar algo, ya que el estado de ánimo o el psiquismo o lo que sea que llevamos dentro, es una variable cambiante e impredecible…

Sin embargo, me arriesgué a sugerirle eso, ya que he comprobado las virtudes aclaradoras de esa pregunta.

¿QUÉ GANO?

Me he dado cuenta que no hay conductas absurdas en sí… Lo que decimos, hacemos, pensamos o sentimos, tiene un sentido…
Aún lo que más nos duele, nos destruye, nos desconcierta… tiene un sentido y cuando hago pausa en un momento de confusión o desesperación lo primero que viene a mi cabeza si me pregunto qué gano es: ¡NADA!

Es la reacción normal que yo manifiesto cuando algo me rebasa, la segunda reacción que tengo si insisto aún sintiéndome un tonto que busca el hilo negro donde sólo hay frustración es un esbozo de paz conmigo.

Y entonces empiezo a descubrir que lo que hice, dije, pensé, sentí y terminó lastimándome o lastimando a alguien más fue un recurso desesperado que tenía en ese momento.

Lo más padre, es que, cuando le encuentro un sentido y luego lo platico con la persona involucrada si es que la hay (porque a veces nuestras luchas son intestinas y no hay un oponente externo), sin quitarme mi parte de responsabilidad y con la intención de reparar, esa emoción desagradable o conducta errática tiende a resolverse porque se hace consciente y deja de hacer ruido.

No nos autodestruimos gratuitamente, y una manera de evitar repetir patrones de comportamientos o emociones que nos duelen es dejar de luchar con ellos por un momento y asumirlos con consciencia.

Psicólogos DF: ¿Qué ganas cuando pierdes? (Parte 2 de 2)



Qué ganas cuando pierdes (Parte 2 de 2) o
¿Por qué me peleo?

Hace poco me cayó un veinte: tiendo a huir del conflicto, y eso provoca dos cosas:
1) O bien, desarrollo relaciones superficiales con las personas o conmigo mismo (si es que existe esa posibilidad), o bien,

2) acumulo tensión hasta que, por una trivialidad, acabo con el estómago destrozado o exploto después de aguantar muchas cosas que no quise expresar en su momento.

Si se sabe vivir, hacer drama, mostrar disposición hacia cómo vive la situación la otra persona, y se habla para resolverse, el conflicto genera confianza en las relaciones y en uno mismo para expresar algo que no te gusta sin temor a ser rechazado, juzgado o lastimado.

Es normal equivocarse, es normal, y, hasta saludable, hacer berrinches, si se reconocen y se saben modular las emociones desagradables para desahogarse sin herirse uno mismo o a alguien más.

Creo que hay dos razones por las que me peleo con gente que es importante para mí, y que si tengo claro esos motivos, será más fácil perderle el miedo al conflicto y llegar a relaciones ricas, profundas, recíprocas y prolongadas:

1. Me peleo para alejarme:

Saboteo una relación en la que siento más emociones de las que me creo capaz de manejar y pelearme, me ayuda a sentir coraje para anestesiarme del dolor de la pérdida potencial. Si me peleo contigo, te voy a odiar, si te odio, es menos difícil sentir que te voy a extrañar. Si me enojo contigo y te echo la culpa de mi malestar, hago como que voy más ligero, no siento tanta culpa y justifico mi conducta para venderme la idea de que soy el agraviado y tú eres la maldad personificada.

2. Me peleo para acercarme:

Hay ocasiones en las que una relación se vuelve cordial, gris, aburrida… y una manera de preservarla es a través del conflicto.
Me explico: Cuando estoy enojado, nervioso o asustado, siento una corriente de muchísimas hormonas en mi cuerpo. Estoy alerta e hipersensible a lo que la otra persona me diga o haga y también me preparo para lastimar y defenderme… me vuelvo muy bueno para recordar faltas y deficiencias de la persona que es importante para mí…

En ese momento estoy conectado con esa persona, la relación está viva y clara… El problema es que la relación se enfoca en estar viva para criticar, maltratar o defenderme, en lugar de estar viva para comprender el dolor ajeno o rememorar los motivos por los que esa relación vale la pena.

Si consideras estos dos puntos, la próxima vez que huyas de un conflicto, pregúntate si vale la pena caer en una relación superficial o quedarte con algo atorado en la garganta, y la próxima vez que te pelees con alguien importante para ti, pregúntate si es para sabotear esa relación o para revivirla a través del dolor con una inyección de adrenalina.